Némesis
José Luís Zubizarreta
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El dato más llamativo de la presente campaña electoral es, sin ningún género de dudas, el escamoteo que el PNV y su candidato están logrando llevar a cabo de lo que ha centrado su actividad política en las dos últimas legislaturas. Del manual de campaña ha desaparecido toda mención al soberanismo o cosa que remotamente se le parezca. El derecho a decidir, incluso disfrazado de los más peregrinos eufemismos, se ha convertido en un tabú innombrable.
«La gestión, estúpido», es la trasposición al ámbito vasco del lema que, allá por los años 90 del pasado siglo, hiciera famoso el director de campaña de Bill Clinton.
Por otra parte, y esto no es menos llamativo, tampoco sus adversarios, fuera de EA, parecen demasiado interesados en recordárselo. Sólo los periodistas dan cuenta de la ausencia. No hay crónica o reportaje que, al consignar lo que en cada comparecencia pública dice el candidato nacionalista a lehendakari, no llamen también la atención sobre lo que no dice. Curioso proceder, sólo justificado porque, en este caso concreto, la no noticia es precisamente la noticia.
Este escamoteo pretende, sin duda, provocar el olvido. Lo que no se nombra no existe. Pero, precisamente por su carácter llamativo, desvela también lo que tiene de vergonzante. Es como el reconocimiento mascullado entre dientes del error que uno no se atreve a confesar de manera clara y abierta. Indica, entre otras cosas, que el candidato teme que esa inmensa mayoría a la que apelaba como soporte social de su soberanismo político es mucho más que incierta. Tan incierta que no procede tenerla siquiera en cuenta cuando de recabar apoyos electorales se trata. Es la lección que el PNV aprendió, en tres clases intensivas, de las elecciones de 2005, 2007 y 2008. Y con las cosas de comer no se juega. Hasta su candidato parece haberlo entendido.
Sin embargo, siempre queda la duda de si el electorado es tan olvidadizo como pretenden hacerlo los partidos. La campaña no es más que esa leve capa de ceniza que se posa en la superficie del rescoldo. Por debajo, y a muy poca distancia, está la brasa del recuerdo que amenaza con volverse llama a nada que alguien la reavive con su soplo. Es lo que unos temen y otros esperan.
La memoria, guardiana del rencor, podría ser la Némesis que se tome, implacable, su venganza el próximo 1 de marzo. De momento, quizá haya preferido aguardar agazapada en el anonimato de ese alto número de «no saben no contestan» que registran todavía las encuestas. O quizá no. Porque la memoria, si no se la sacude, se amodorra en la indolencia.

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