Como acabar de una vez con la maldita kultura
Álvaro Bermejo
Apenas a quince días de los Óscars, y a otros tantos de las elecciones del 1º de Marzo, le pido prestado el epígrafe de este artículo al opúsculo más contracultural de Woody Allen para hablar, precisamente, de la "Kultura" que nos ocupa. Todo es bastante woodyalleniano entre nosotros. Ante una pantalla en blanco, veo al Festival de Cine de San Sebastián, anunciando que no podrá continuar manteniendo su nivel con un presupuesto de 7,5 millones de euros -una tercera parte de lo que maneja el de Cannes. Entonces, el foco proyecta sobre esa pantalla la subvención de 704.000 euros adjudicada por nuestro Ejecutivo al trikitrilari Kepa Juntera, en una impecable exhibición de dirigismo cultural.
Este escándalo, ante el que se han levantado ya 250 profesionales de la música vasca, sólo es uno más entre los muchos que vienen tapizado la gestión de Miren Azkarate al frente de su departamento. Aun no sabemos si habrá un debate entre los dos candidatos a lendakari con más probabilidades de ocupar el despacho de Ajuria-Enea -el EBB ya ha dicho que no-, pero sí sabemos que Cultura subvencionará a la radiotelevisión vasca con 154,9 millones de euros, lo que supone el 48,8% del presupuesto global de esta Consejería, donde se incluye la consolidación de un tercer canal de televisión pública y la puesta en marcha del cuarto. ¿Para qué sirven cuatro canales de televisión si en ninguno de ellos cabe la posibilidad de un debate cara a cara entre Juan José Ibarretxe y Patxi López?
La pregunta se responde por sí misma si observamos la trayectoria del anterior director del ente público, Andoni Ortúzar, quien transmigró del mundo audiovisual a la presidencia del PNV de Vizcaya. El lendakari Ardanza observó una navegación paralela, de la Lendakaritza a la presidencia de Euskaltel, mientras que Javier Retegui, pasó de ser Consejero de Industria a presidente de Eusko Ikaskuntza.
En las cúpulas del nacionalismo vasco no existe la palabra "desempleo". Sucede algo parecido con las industrias editoriales o audiovisuales que avalan su programa de gobierno. El Departamento de Cultura subvenciona la producción de libros en euskera con más de medio millón de euros anuales. Ahora bien, si solicitas una subvención para un título en castellano editado en Euskadi, es muy posible que te encuentres con la misma respuesta que recibió José Luís Merino, cuando solicitó la irrisoria suma de 1.500 euros para la edición del libro "Habla Oteiza". La respuesta oficial fue que no se disponía de fondos para realizar siquiera la compra de un centenar de ejemplares.
Sí los hay para la puesta en marcha del Archivo Histórico Nacional de Euskadi, 24 millones de euros, pese a que su implementación arrastra dos años de retraso. No obstante, para el Instituto Etxepare no aparece partida alguna en los Presupuestos de 2009, donde consta, sin embargo, que debería haberse inaugurado el pasado 7 de enero.
La arbitrariedad preside la política cultural de nuestro Ejecutivo, sobre el que, por otra parte, gravita una constelación de sinsentidos a cada cual más alarmante. En cualquier sociedad democrática, el escándalo Cearsolo hubiera provocado una depuración radical en la cúpula del Guggenheim. Otro tanto de lo mismo cabe decir de la pérdida de seis millones de euros por una pésima operación de compra de dólares. "Por 20.000 euros te laminan en la empresa privada", aseguraba un auditor de Price Waterhouse. Aquí no pasa nada. ¿Y qué podemos decir del caos administrativo y del robo de fondos de la Fundación Balenciaga? Algo parecido a lo sucedido con las excavaciones de Iruña-Veleia. En principio, estos hallazgos fueron presentados como la piedra angular, no sólo del origen del euskera, sino incluso del primer Cristianismo en nuestras latitudes. Bastaba echar un vistazo a los vestigios para advertir que oscilaban entre lo cómico y lo patético. Pero han sido necesarios dos largos años para concluir que todo era un fraude.
En todos estos casos, la asunción de responsabilidades no ha pasado de lo nominal. ¿A qué se debe tanta laxitud en las condenas, tanta complicidad con muchos de los afectados por los mayores escándalos, y tanta y tan acomodada obstinación a cambiar de política?
Tras treinta años de Gobierno, el nacionalismo ha tejido en Euskadi una red clientelar que constituye una verdadera hidra de mil cabezas. Desde las empresas dedicadas a la promoción de eventos a las editoriales o a las productoras audiovisuales, todo nuestro tejido cultural está contaminado por una aquiescencia con el poder donde caben todas las combinaciones posibles, desde la lealtad cosanguínea a la servidumbre ciega. Sólo así se logra el premio de acceder a una jugosa subvención o a una prebenda en cualquiera de sus infinitas formas. Atrapado por relaciones de clientelismo puede estarlo el catedrático que necesita dinero para financiar un proyecto de investigación, el actor que necesita trabajo en los medios públicos, o el escritor que aspira a ser invitado a esas embajadas culturales con mucho perfil identitario, símbolo inútil de afirmación externa, mientras se ningunea el talento capaz de abrirse paso sin la muleta pública.

Comentarios
Lorena dijo Febrero 19, 2009 11:52
De diez sobre diez: bErmejo siempre da en el blanco, pero es que esta vez lo hace con una contundencia apabullante. no deja títere con cabeza. y lo digo con todo conocimiento, porque el mundo de la cultura vasca "oficial" no es otra cosa que un monumental teatro de títeres, una pantomima multitudinaria y sectaria sufragada con dinero público. Duro y a la cabeza, ha llegado el tiempo de desenmascararles.
Antonio Iturbe dijo Febrero 19, 2009 12:36
Más que bermejo, se pone uno rojo de vergüenza ajena cuando se lee este artículo donde un periodista con cabeza y otros órganos igual de bien puestos dice lo que más o menos se intuye pero nadie termina de contar de manera exacta y precisa. Y además sin aspavientos, porque tampoco hacen falta, sólo contando lo que se cuece, sobran más comentarios. Mis felicitaciones a Álvaro Bermejo.
Naira Goyeneche dijo Febrero 19, 2009 13:03
Guaau... ¿Eres el mimos Antonio Iturbe qué dirige la revista "Qué Leer"? Pues si es así, ¡qué nivelazo! La red te acoje como colega de honir desde este mismo instante. Ahora ya sólo falta que publiques el artículo de Bermejo en el "Qué leer", aunque sea en la sección de "letraas Vascas", que falta nos hace. Con un besazo de mi parte.
Paula dijo Febrero 19, 2009 18:13
Totalmente de acuerdo con losd postulados de Bermejo. Ya era hora de que se dijeran las cosas tan claras, negro sobre blanco y con todas las cifras en la mano. Enhorabuena y adelante. Patxi aurrera!
Ruben Mateos dijo Febrero 20, 2009 13:13
Buen artículo. No sólo la gestión es nefasta de la cosa cultural, sino que además todo tiene un enfoque exclusivamente local, floklórico y antiguo. Les da miedo la apertura y la pluralidad, y la ETB1 da una imagen irreal de cómo es el País.