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Una red de creedores

Imanol Zubero

Escribe Jorge Wagensberg: “Creedor es el que necesita mucho someter su creencia a la colisión con la realidad, crédulo es el que lo necesita pero no mucho y creyente, el que no lo necesita en absoluto”. Y concluye: “Lo mejor que la humanidad ha hecho a favor de sí misma ha sido por gracia de creedores y ante la resistencia de creyentes”. El creedor es irónico, escéptico y prudente. Prudente no necesariamente en sus objetivos, pero sí en sus prácticas. Sabe que no lo sabe todo y es consciente de que puede muy poco. En particular, sabe que su capacidad de hacer es incomparablemente superior a su capacidad de prever; que con los proyectos y las realizaciones ocurre como con el ojo y la tripa: que ésta siempre se llena antes, y que si no somos capaces de distinguir entre deseos y posibilidades el resultado inevitable es la indigestión. El creedor es, por encima de todo, capaz de tomar distancia de sus propias razones.

Es posible que la división entre creedores y creyentes sea más una categorización teórica que una representación de la realidad. Es posible que hasta el mayor de los creedores guarde en su seno un creyente que espera a caer rendido ante un dios aún por emerger; como es igualmente posible que hasta el más enfervorizado de los creyentes se vea, en alguna ocasión, sacudido por la duda. Sin embargo, esa distinción configura dos tipos ideales que, si acaso no sirven para describir la realidad, son enormemente valiosos para orientar una determinada pedagogía política.

 

¿Qué tipo de ciudadano queremos educar? ¿Un ciudadano irreflexivo, acrítico, satisfecho, inflexible, un creyente, en suma? Necesitamos trazar una nueva raya en la arena. Dame un creedor, sea cual sea su orientación política, y podremos llegar a acuerdos. Pero los creyentes, ¡ay!, esos son harina de otro costal. Para el creyente las fronteras son muros que proteger (los propios) o que derribar (los ajenos), pero nunca espacios porosos que invitan al encuentro con el otro.

“¿Se puede crear el partido de quienes no están seguros de tener razón? Ése sería el mío. En cualquier caso, no insulto a quienes no están conmigo. Es mi única originalidad”. Albert Camus se expresaba así en julio de 1949. Y continuaba: “Quieren hacernos creer que el mundo actual necesita hombres identificados totalmente con su doctrina y que persigan fines definitivos mediante la sumisión total a sus convicciones. Creo que ese tipo de hombres, en la situación en que está el mundo, es más dañino que benéfico. Pero admitiendo, lo que no creo, que acaben por conseguir el triunfo del bien al final de los tiempos, creo que es preciso que exista otro tipo de hombres, atentos a preservar el matiz delicado...”. La frase continúa, pero yo me detengo aquí.

Preservar el matiz delicado. En un mundo cada vez más complejo y abierto, los creedores son los únicos que comprenderán y permitirán el mantenimiento de una zona gris imprescindible para que la política sea posible. Un espacio donde el matiz pueda enraizar y florecer. De lo contrario, el choque de creencias está servido.

Recupero estas líneas a las pocas horas de haber tenido la enorme suerte de vivir, en el Euskalduna de Bilbao, la puesta de largo de una Red para el Cambio que es, sobre todo, una red de creedores pero no de creyentes; de mujeres y hombres con muchas y buenas razones pero que no están seguras de tener razón; una red de personas atentas a preservar el matiz delicado. Muchísimas gracias.

Tags: hoy

Comentarios

Txetxu dijo Febrero 15, 2009 11:02

Gracias también a ti Imanol por avivar y dar juego a los 'grises creedores'.
Seguiremos jugando, eso intentaremos, en el campo de las actitudes quizás tan claves en estos momentos donde es más necesario que nunca una cierta ortopraxis vivencial.